Vivimos en una sociedad que premia las máscaras. Desde pequeños aprendemos a vestirnos con ellas: la de la seguridad, la del “todo está bien”, la del saberlo todo. Creemos que así nos protegemos, pero en realidad nos alejamos de nosotros mismos y de los demás. La vulnerabilidad, lejos de ser una debilidad, es la puerta hacia conexiones reales.
Mostrarnos tal como somos —con nuestras dudas, miedos y heridas— es un acto de valentía. Recuerdo haber leído que el reto de la vida es aprender a amarnos en nuestra humanidad, y hoy creo que ese es el verdadero desafío: quitarnos las armaduras para reconocernos. En las relaciones de pareja y en las personales solemos exhibir nuestras mejores facetas, pero olvidamos que en la imperfección habita la bendición de lo que nos hace únicos.
La autora y conferencista Brené Brown ha estudiado profundamente este tema, y sus enseñanzas me marcaron. Ella nos recuerda que abrirnos a la vulnerabilidad no es exponernos sin cuidado, sino atrevernos a ser vistos, aun con nuestras imperfecciones.
En mi vida, fui acumulando mecanismos de defensa: desconfianza, orgullo, esa postura de creer que lo sé todo. Por un tiempo me protegieron… pero después pasaron factura. El cuerpo también habla: se enferma, se satura, se cansa de sostener una imagen perfecta. Y es que mantener estándares impuestos desde la infancia, moldeados por la familia, la escuela y la sociedad, agota.
Ser vulnerables es bajar la guardia para encontrarnos de verdad. Es un gesto de honestidad que nos recuerda que no estamos solos en nuestras luchas. Tal vez la mayor fortaleza que podamos alcanzar sea atrevernos a ser exactamente quienes somos, con todas nuestras luces y sombras.
Sé que puede sonar sencillo, pero cuando intentamos aplicarlo, puede resultar un proceso dispendioso. Sin embargo, todos esos esquemas mentales que hemos construido para protegernos y sentirnos seguros pueden ser modificados. Es posible trabajarlos, reestructurando pensamientos, creencias y conceptos sobre nosotros mismos, sobre el entorno y sobre la sociedad.
Esta es una invitación a creer que todo puede cambiar y que todo puede ser diferente. A abrirnos a la posibilidad de una vida más auténtica, menos cargada de máscaras y más conectada con lo que realmente somos.
Si este tema ha resonado contigo y quieres ahondar o contarme tu historia, puedes escribirme a:
Me encantará leerte y acompañarte en tu proceso.
Aqui les dejo esta pildorita….






